Ni la llovizna serrana ni el viento cortante de las punas detuvieron el fervor ancestral del tradicional encuentro del Tikapallana. Este lunes 16 de febrero, las vastas llanuras de Mamaporotopampa, en las alturas del distrito de Tambobamba, se poblaron de vida, color y memoria, recibiendo a miles de visitantes llegados desde distintos rincones de la región Apurímac y de la provincia de Cotabambas.
Como en los tiempos antiguos, cuando los abuelos ascendían a más de cuatro mil metros para recoger las delicadas flores de Surphuy y el Waqqanqui —que brotan desafiantes entre espinas y roquedales—, el lunes 16 de febrero hombres y mujeres volvieron a encontrarse en lo alto, renovando la hermandad que solo la altura sabe forjar.
Al ritmo de las qaswas tradicionales, un numeroso grupo de trabajadores de Minera Las Bambas se hizo presente, como cada año, en este reencuentro de fraternidad del T’ikapallana. Representantes de diversas áreas de la empresa participaron acompañando con entusiasmo esta expresión viva de la identidad cotabambina.
“Estamos felices de compartir con todos nuestros hermanos de Apurímac y del Perú esta tradición del T’ikapallana. Como alcalde también agradezco la presencia de Las Bambas, que cada año está presente en Mamaporotopampa compartiendo con todos”, manifestó Dante Contreras, alcalde provincial de Cotabambas.
Un elemento indispensable de esta congregación multitudinaria fue, una vez más, la presencia gallarda de los corceles andinos. Hermosos caballos lugareños y equinos mejorados surcaron las pampas acompañados de jinetes experimentados: jóvenes y adultos, varones y mujeres, quienes desde las primeras luces del alba emprendieron camino hacia Mamaporotopampa. En su travesía, realizaron pausas necesarias para templar el cuerpo con bebidas calientes y compartir la tradicional chicha que entibia el espíritu frente al frío serrano.
Desde muy temprano, el espectáculo fue conmovedor. Agrupados por familias y comunidades, los jinetes hicieron su ingreso interpretando qaswas y wifalas, melodías que parecen descender desde siglos pasados. Sus cantos, cargados de gratitud, evocaron el agradecimiento a la Pachamama, a los animales, a las plantas y a los apus tutelares que protegen estas tierras altas de Tambobamba.
El Tikapallana también mostró otros matices de la vida contemporánea: caballos engalanados para la ocasión; destacadas agrupaciones como “Las Amazonas” del distrito de Tambobamba; y hasta candidatos que, en el marco de las elecciones generales de 2026, aprovecharon la multitud para compartir sus propuestas. Todo ello acompañado del generoso expendio de potajes típicos y frutas de temporada, entre ellas las riquísimas tunas y duraznos que endulzaron la jornada.
Este hecho cultural forma parte de la amplia programación de carnavales que se vive con intensa participación en la provincia de Cotabambas. Las celebraciones incluyen concursos previos de danzas y qaswas en las comunidades de sus seis distritos. Los clasificados y finalistas se encontrarán en la gran final programada para el sábado 21 de febrero en el estadio monumental de Rayrocca, en Tambobamba, donde la tradición seguirá floreciendo como el Surphuy en las alturas.
Así, entre nubes bajas, relinchos y cantos ancestrales, el Tikapallana reafirmó que ni el frío más severo puede apagar el fuego cultural que arde en el corazón altoandino.



